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Se desgarraron las vestiduras. Ríos de tinta condenaron la seguidilla de discursos desembozadamente sexistas, bromas de mal gusto e inadmisibles. Expresados a viva voz, sin filtro y genuina espontaneidad, Jerjes Justiniano, patricio cruceño (para variar socialista); Leonardo Loza, joven dirigente cocalero y Evo Morales, desnudaron su ‘chip’ machista, nada menos que en la semana de conmemoración del Día de la Mujer. La avalancha de críticas no se dejó esperar. Las disculpas, tardías y poco convincentes.

Paralelamente, otro hecho cobraba notoriedad copando el espectro noticioso. Los incidentes de violencia en el trópico de Cochabamba confirmaban la sospecha de que se trata de un enclave que hizo de la contravención a la ley boliviana su propia ley. El 6 de marzo “la Felcn, denuncia ayuda a narcos en el trópico” Ocurrió mientras el organismo de la ONU, encargado de fiscalizar el tráfico de estupefacientes, reiteró la preocupación por la duplicación de la superficie permitida de hoja excedentaria de coca en el país.

Los Tiempos (10/3/2019) informó que sindicatos cocaleros se imponen sobre la fuerza policial sobre la base de ‘cinco normas’, las cuales vulnerarían derechos de libertad de pensamiento, de asociación, de tránsito, de protección y medio ambiente. ¡Además de la libre circulación de autos chutos y de linchamientos y justicia por mano propia! (Entre 2013 y 2018, de 22 linchamientos reportados en el país nueve ocurrieron en el trópico).

Sumo una sexta norma conculcadora de derechos: la complicidad y el silencio que encubre distintas formas de violencia hacia las mujeres, entre ellas la explotación sexual. Investigaciones y operativos policiales reportaron que los restaurantes de regiones cocaleras camuflan el negocio de prostitución y trata, la presencia de menores de edad no es extraña. Los límites entre prostitución, explotación sexual y trata son difusos.

De acuerdo al reportaje “La prostitución de pollera está en su auge en la tierra de la coca” (El Deber, 2/8/2013) una cholita confesaba “Nuestros clientes seguros son los cocaleros, los campesinos y los turistas… los extranjeros bromean con nosotras y nos dicen que quieren conocer de cerca a una indígena de la estirpe de Evo Morales” “Hay hombres que buscan de 17 años. Pero no puedo hablar de eso”.

Según la investigadora y feminista, Ximena Machicao la trata “está ligada a las rutas del narcotráfico, opera en un marco de impunidad” por la que los cuerpos de las mujeres se convierten en mercancía. Por ello, la broma de Loza no fue broma. No es la primera ni será la última vez que el poder político incurra, por acción u omisión, en la oferta naturalizada, o disimulada, de mujeres como trofeo de jefazos y caudillos meros machos. En el trópico la figura se agrava. Tierra sin ley, mujeres sin derechos. ¡Permitid que no me asombre!