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Mario tiene nueve años. La pobreza impide que sus días de infancia sean felices. No tiene a sus padres a su lado y a esa edad tiene que hacerse cargo de sus dos hermanas. No estudia porque tiene que trabajar. Sus jornadas están llenas de penurias.

Así, como Mario, muchos bolivianos sufren carencias y los estudios a nivel internacional revelan que Bolivia es el país que menos redujo la pobreza moderada en la región, apenas 0,1 puntos porcentuales entre 2016 y 2017, y la extrema pobreza, en la misma etapa, solo 0,3 puntos, según la Comisión Económica para América Latina (Cepal). El Gobierno desvirtúa esos datos y muestra lo logrado en 13 años de gestión de Evo Morales. La diferencia que existe entre los conceptos de pobreza es que en la moderada una persona puede satisfacer alguna de las necesidades básicas, en cambio en la pobreza extrema no se complace ninguna, ya que se vive en indigencia o en la calle.

En el primer grupo, el individuo puede percibir un salario que sirva para pagar un servicio básico; sin embargo, no le alcanza para satisfacer sus necesidades alimentarias. Los datos de la Cepal revelan que en 2015 el indicador de pobreza se situaba en un 35%, al año siguiente en un 35,3% y en 2017 alcanzó una tasa del 35,2%. Eso significa una disminución de solo el 0,1%. Según los datos del Gobierno, en 2015 la pobreza moderada en Bolivia se situaba en un 38,6%, un año después en 39,5% y en 2017 se registró una tasa de 36,4%. Es decir, que hay una reducción del 3,1 por ciento entre 2016 y 2017.

El organismo internacional aclara que las estimaciones “corresponden al cuarto trimestre de cada año, mientras las estimaciones oficiales corresponden al segundo semestre de cada año”. Según los cálculos, Bolivia tiene 11,3 millones de habitantes, de los cuales 3,9 millones son pobres (35%). Mientras que la extrema pobreza, de acuerdo con el reporte de la Cepal, en 2015 se situó en 14,7%, en 2016 subió a 16,7% y en 2017 bajó levemente a 16,4%. Es decir, que entre 2016 y 2017 la reducción fue de 0,3 puntos. Las cifras oficiales refieren que en 2016 el índice de extrema pobreza fue de 18,3% y en 2017 de 17,1%, equivalentes a una disminución de 1,2 puntos.

Aún así, Bolivia mantiene los índices más altos de pobreza. El país se ubica en la posición más desfavorable del grupo de 15 paí- ses evaluados. Incluso está peor que El Salvador en lo relativo a la tasa de pobreza extrema. La situación de Bolivia se aleja de la posición de otros países como Perú, Paraguay y Ecuador, cuyas tasas de pobreza están en 15% y el 25% y de pobreza extrema entre el 5% y el 10%. Los mejores calificados son Chile y Uruguay.

La visión de los políticos
Esta situación provocó que la oposición haga un llamado de atención al Gobierno para mejorar la situación social del país. El senador Edwin Rodríguez exige al presidente Evo Morales dejar a un lado los viajes cortos en helicópteros y aviones y visitar “a pie” las zonas rurales donde la pobreza y la extrema pobreza están en ascenso. “Los lujos que tienen nuestros gobernantes obligan a que no vean la pobreza que hay en Bolivia. Evo Morales y Álvaro García viven de lujos. Solo deberían darse una vuelta a los hospitales públicos para ver la pobreza de la gente que pide atención”, reclama Rodríguez.

Mientras que en el Movimiento Al Socialismo (MAS) existe una versión alentadora sobre los indicadores de pobreza. Fue el propio Evo Morales quien, en la inauguración de la sesión extraordinaria de la Asamblea Euro-Latinoamericana (EuroLat), en Santa Cruz de la Sierra, se jactó de los resultados de la política social que impulsa el Gobierno central. “En los resultados a nivel regional, Bolivia pasó de 38,2% en 2005 a 15,2 % en 2018, lo que significó una disminución de 23 puntos porcentuales, obteniendo la mayor reducción en ese indicador en la región”, recalcó Morales en ese acto. El diputado Tito Veizaga, miembro de la comisión de Planificación de la Cámara Baja, explica que en 2005 cuatro de cada diez bolivianos vivían en extrema pobreza y no podían satisfacer sus necesidades básicas.

“Sin embargo, tras medidas sociales implementadas a partir de la distribución de la riqueza generada en el país, ahora solo dos de cada diez bolivianos viven en esa condición”, detalla. Veizaga añade que también se redujo la desigualdad, “ya que en 2005 el 10% más rico tenía 128 veces más riqueza que el 10% más pobre, para 2018 el 10% más rico tiene 26 veces más que el 10% más pobre”. El economista Ernesto Bernal considera que Bolivia ingresó a una etapa de desaceleración económica debido al modelo vigente. Por eso, sugirió ajustes para resolver los crecientes déficits, pérdida de reservas y creciente endeudamiento a objeto de evitar una recesión.

Todos estos factores —dice el especialista— afectan a los indicadores de pobreza y extrema pobreza. “La incidencia de la pobreza moderada en Bolivia se redujo de 64,7% a 36,4% entre 1999 y 2017. De la misma manera, entre estos dos periodos, la extrema pobreza también disminuyó de 43% a 17,1%. La disminución de la pobreza responde en un 64,7% al efecto crecimiento y en un 35,3% al efecto redistribución”, destaca Bernal. Mientras que el analista Jaime Pérez, de la Fundación Jubileo, detalla que el Gobierno debe implementar políticas públicas destinadas a la generación de empleo formal que contemple ingresos suficientes para cubrir las necesidades y que sean duraderos.

“Durante los años de bonanza, Bolivia mejoró considerablemente la situación de pobreza y pobreza extrema; sin embargo, el Gobierno debe aplicar las políticas necesarias para evitar que la gente, que salió de ambos segmentos, vuelva a caer en ellos, debido al actual contexto de desaceleración económica”, considera el experto.

En Bolivia se vivieron casos llamativos de extrema pobreza y que salieron a la luz pública. Eva Quino, de tan solo 12 años de edad, murió de hambre en marzo de 2017 en la ciudad de El Alto. Su nombre es recordado por ser el primer caso visible de muerte por hambre y desnutrición en Bolivia. Sus padres no pudieron encontrar trabajo y dejaron morir a su hija. Sus otros hijos dejaron de estudiar para trabajar y ayudar a la familia, pero aún así las carencias en el hogar eran crueles.

Hambre y pobreza
Según el Informe sobre Desarrollo Humano en Bolivia del PNUD, existen varias causas que generan hambre y desnutrición en los bolivianos. Uno de los factores es la pobreza, lo que obliga a que una familia no pueda acceder a servicios básicos o al derecho al trabajo. Según la última Encuesta de Hogares que difundió el Instituto Nacional de Estadística (INE), la pobreza en Bolivia llegó a su nivel histórico más bajo en 2017, al cerrar con 36,4%, frente al 59,9 % de la gestión 2006, año que ingresó Evo Morales a la Presidencia.

Según el INE, entre 2016 y 2017, la pobreza en el área rural registró una baja de 1,8 puntos porcentuales, mientras que en el área urbana disminuyó en 3,4 puntos porcentuales. La pobreza extrema en el ámbito nacional presentó una baja de 1,2 puntos porcentuales, llegando a 17,1% en 2017, según el INE. Mientras que la pobreza extrema en el área rural, entre 2016 y 2017, presentó una caída de 2,0 puntos porcentuales, alcanzando un nivel de 34,6%. A su vez, la pobreza en el área urbana evidenció una disminución de 0,7 puntos.

Al respecto, la Fundación Jubileo plantea construir nuevos indicadores de pobreza para que el análisis anual que realiza el INE, al momento de medir esta condición, refleje la realidad del país. La “multidimensionalidad” es un concepto que debe incluirse en el debate. La medición de la pobreza, considera la Fundación Jubileo, no solo debe circunscribirse a ponderaciones de las “Necesidades Básicas Insatisfechas”, que son estadísticas de pobreza asociadas a un estado de necesidad, carencia o privación de los bienes y servicios que determinan la satisfacción de las necesidades primarias de una persona o un hogar. Según los datos de Jubileo, en Bolivia la pobreza moderada se redujo de 60,1% en 2006 a 36,9% el año 2017, mientras que la extrema disminuyó de 37,7 a 17,1% en ese mismo periodo.

El niño Mario fue separado de sus dos hermanos menores. Los llevaron a un hogar en la ciudad de Cochabamba. Mario escribió una carta a su hermana, quien sufre problemas de salud, y le dice que pronto volverán a estar juntos. Pero incluso le transmite ánimos para que vuelvan a reunirse con sus padres, quienes tuvieron que irse de Sipe Sipe, en Cochabamba, al norte de Potosí a buscar trabajo.

Triste realidad
El menor de edad recibió el fin de semana la visita del vicepresidente Álvaro García Linera. La autoridad le prometió que volverá a unir a su familia y garantizó un trabajo a su padre y una casa para todos. En la ciudad de El Alto pasa lo mismo en varios hogares. Muchos niños tienen que salir a las calles para dejar la miseria. Andrés tiene solo diez años y trabaja hace dos.

Lustra calzados en el centro de la urbe alteña. Sufre frío, hambre y hasta el abuso de guardias. Todo lo que recauda es para su hermana menor. Y así las historias se pueden extender a La Paz, Oruro, Potosí, Tarija o Santa Cruz. La pobreza está a la mirada de todos y las autoridades descuidaron —al menos en estos últimos tres años, según los estudios— las políticas sociales. La pobreza y la extrema pobreza están latentes. Esa triste condición sigue en las calles, día y noche, y azota a niños y niñas y personas de la tercera edad, sectores que más sufren por los indicadores. Bolivia apunta hasta 2025 erradicar la pobreza extrema.