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A contramano de la mayor parte de los países de la región y del mundo occidental, el presidente Evo Morales plantó cara por su aliado venezolano, Nicolás Maduro, quien asumió un nuevo mandato marcado por la ilegitimidad y el aislamiento internacional.

Solo cuatro presidentes de América Latina estuvieron en la irregular jura de Maduro para un nuevo mandato para el periodo 2019-2025. Además de Morales, el cubano Miguel Díaz-Canel, el salvadoreño Salvador Sánchez Cerén y el nicaragüense, Daniel Ortega. Ni siquiera los ‘aliados grandes’ del régimen, Rusia y China, enviaron a sus mandatarios, a sabiendas del repudio mundial que viene cosechando el mandatario caribeño por aferrarse al poder a espaldas de la Constitución y del pueblo venezolano, que hoy sufre una de las mayores crisis económicas y sociales de su historia.

En ese contexto, Evo Morales sacó a relucir su deshilachada bandera antiimperialista para justificar lo injustificable: avalar un régimen que tiene visos de dictadura y que viene sometiendo a miles de hermanos venezolanos a la represión y la migración obligatoria. Morales recibió el título Honoris Causa de 10 universidades venezolanas, un logro personal que resulta casi irrelevante para el conjunto de los bolivianos.

Lo grave del caso es que el aislamiento de Maduro termina por afectar a Bolivia, cuya política exterior se muestra sumisa y complaciente al régimen chavista sin mayores beneficios ni políticos ni económicos para el país.

El ocaso de la revolución bolivariana del ‘socialismo del siglo XXI’ es tan evidente que el propio Morales no sabe cómo explicar semejante derrumbe político y diplomático. La OEA, Estados Unidos y la Unión Europea han señalado con firmeza la destrucción de la democracia en Venezuela con graves consecuencias para los derechos humanos de todos los venezolanos.

Paraguay se ha puesto al frente del reclamo regional luego de anunciar el rompimiento de relaciones diplomáticas y la puesta en marcha de sanciones contra Caracas. Perú, Colombia, Brasil, Argentina y Panamá van en el mismo sentido de la histórica Declaración del Grupo de Lima, que exige a Maduro entregar el poder a la Asamblea Nacional, único poder del Estado venezolano que tiene legitimidad popular a estas alturas.

En Bolivia, diversos analistas políticos y sectores opositores cuestionaron la presencia de Evo Morales en Caracas. El Gobierno asegura que continuará en la misma senda con el chavismo le pese a quien le pese. De esta forma, Morales privilegia una agenda ideológica y política antes que una posición pragmática que sea más conveniente para los intereses de Bolivia en el mundo.